martes, 6 de enero de 2015

Reseña bibliografica Los Sauces de Hiroshima. Emilio Calderón

LOS SAUCES DE HIROSHIMA
Emilio Calderón
Reseña elaborada por Andrés López Astudillo
alopez@icesi.edu.co

Libro perteneciente al subgénero: la literatura de la bomba, dedicada a los “hibakushas “ o “los atomizados”, personas que están con vida y fueron testigos presenciales el 6 de Agosto de 1945     ( 8:15 am ) de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.

Novela ambientada en 1954 en un  caso policíaco, se inicia con la muerte en el Expreso Golondrina de seis hibakushas que se dirigían de Hiroshima a Tokyo. A través de la novela se resalta como vivían, pensaban y sentían los hibakushas, los atomizados, quienes portaban el “carné del sufrimiento. Estos hibakushas hacen parte de un grupo social más amplio estigmatizado que se denominan los Burakumin, que significan “los impuros”, son los que hacen trabajos y oficios llamados contaminantes: sepultureros, verdugos, carniceros, curtidores, etc.; son los intocables del Japón, los parias de la sociedad, marginados desde épocas feudales. Los hibakushas representan los contaminados nucleares dentro del grupo social de los contaminados. Estos representan un grupo único, especial, concreto que genera miedo, repulsión y negación.

La novela relata los momentos cruciales de la explosión de la bomba nuclear sobre Hiroshima. Sensaciones sobre la luz cegadora, la fuerza de la onda explosiva y como en segundos, todo había desaparecido: dónde estoy?, que paso?, donde están los demás?; son preguntas continuas que se quedaron por años en sus mentes y almas , generando confusión ,negación y olvido de sí mismo.
“Me resisto a contar las cosas que vi los días siguientes”, esta es una constante, las palabras para identificar y representar el horror presenciado que no alcanza la comprensión, son imágenes que al no poder salir se quedarán para siempre atrapadas en lo más profundo de todo atomizado, generando el poder destructor en su mente, el “virus del átomo” que vive en su interior. Ninguna respuesta posible podrá dar tranquilidad y paz a un acto irracional, tampoco ninguna dispensa y apoyo o ayuda permitirá reparar los daños sufridos.

Cada sobreviviente en sí mismo era un milagro, pero paradójicamente, pende sobre cada uno una sentencia: la anulación como ser; ellos representan lo peor que como especie humana podemos generar en otros más allá del dolor. Seis mil niños quedaron huérfanos viviendo en medio de escombros, calentándose en la noche con fogatas. En las calles y puentes quedaron por años imágenes de los volatizados que reflejaba la contundencia del impacto; en el puente Aioi, quedaron dos sombras de personas corriendo y una bicicleta ; en el puente Sasaki, un hombre a caballo y su carro. El olor a carne humana carbonizada fue penetrante por años; 62000 edificios destruidos, 70000 conductos de agua , murieron 65 médicos de 150 que había en Hiroshima y 1654 enfermeras de 1780 en total, son algunas de las cifras.

En su relato, el autor nos lleva a los momentos posteriores a la explosión atómica: los atomizados se convirtieron en cobayas para experimento y pruebas realizadas por el Centro Americano de Investigaciones Atómicas. Nadie conocía los efectos de la radiación en el cuerpo humano y había que aprender realizando diagnósticos.

El carné del sufrimiento daba este privilegio, ser explorado sin tener a cambio una solución. A finales de 1945 se habían contabilizado 140.000 víctimas, sin tener presente las que seguirían.

El relato nos demuestra el camino absurdo de una sociedad para ingresar a la modernidad. El Japón tradicional ingresaba a la modernidad recibiendo los inventos desarrollados en la  frontera de la ciencia, el “pikadon” ( pika: fogonazo /don: explosión), una bomba de uranio , también recibía  los beneficios brindados por otra cultura , quienes los despojarían de sus derechos , asignando un nuevo sistema ético y social, con códigos que no consideraban los propios: honor, respeto y veneración del emperador. Sin ninguna posibilidad de retorno solo habían dos opciones en un solo camino: seguir o claudicar.

El caso policíaco nos devela como la confusión creada por la bomba y la desaparición de todo registro de identidad, historia personal, negocios tranzados, propiedades; permitió a muchos cambiar de identidad para borrar todo rastro. Es así como un magnate de Tokyo en 1954 era un suplantador de un militar; con el fin de salvar su vida al culminar la Segunda Guerra. La investigación de la vida del magnate suplantador, nos lleva por el mundo de las tradiciones y el honor de Hiroshima. Presenta el entorno de las Geishas, siendo una de ellas atomizada, donde el rol de la mujer debe reflejar la perfección en todos sus actos; brinda con detalles un mundo incomprensible y mal interpretado en occidente.  Los rituales del haraquiri (seppuku) realizado por una persona sobre su vientre (desentrañamiento ) acompañado por un ayudante para efectuar la decapitación sobre el suicida; este ritual se describe en el libro como una práctica usada por muchos militares al perder la guerra , como único camino posible. Uno de los protagonistas describe el honor de pertenecer a una orden ultranacionalista orientada por un premio Nobel de literatura, que busca retornarle al Japón, tierra de historia y tradición,  sus valores fundamentales.

El magnate suplantador construye su imperio a través del tráfico de dosis de morfina dispuesta a ser comprada por los hibakushas en el mercado negro, con la complicidad del ministerio de salud pública. En la construcción del imperio económico, crea redes de cómplices en el Gobierno, en la sociedad y las empresas generando una maraña de intereses que complican ver el bosque. Todos cuidan y protegen el negocio que trafica con el dolor de los atomizados.

Como todo buen caso policíaco, cuenta con un investigador paciente y agudo, que identifica los eventos y conexiones apropiadas para dar con el asesino; en especial, cuenta con la buena suerte, conoce a la hija de un psiquiatra que participó en el Tribunal Penal Militar para el Lejano Oriente, organizado por E.E.U.U., quienes juzgaron aproximadamente 5000 hombres como criminales de guerra. Este encuentro le permite recibir información referente al caso.

El autor nos presenta un dilema moral irresoluble generado por un paradigma definido como “soluciones contraproducentes “(es peor el remedio que la enfermedad): quienes debían juzgar a quienes habían cometido crímenes de guerra durante la Segunda Guerra en Japón, se encuentran a sí mismos como los mayores criminales al representar una nación que realizó un acto de guerra de consecuencias inconmensurables e irreversibles, con efectos en la salud , la psiquis de de la sociedad y las intergeneraciones. Igualmente plantea como la comisión de víctimas de la bomba atómica creada por el presidente Truman en 1948, no denunciaron la realidad médica y clínica de los atomizados y ocultaron los efectos de la radioactividad sobre el cuerpo humano, categorizados en 26 tipos de enfermedades, que van desde “las garras del diablo” (queloides), hasta enfermos con tumores. Son los hijos de la Bomba Atómica y la creación de la era nuclear. La novela se cierra hacia 1970, 25 años después de haber ocurrido el crimen en el expreso Golondrina identificando a un asesino póstumo, el magnate.

“El universo de los atomizados se parece a una prisión situada en alguna parte, más allá de la razón y la sensibilidad”. Esta reseña la escribo resaltando de la novela el mundo de los atomizados, involucrado en un relato policíaco que nos lleva a reflexionar sobre las consecuencias de la guerra y en especial la de nuestra era nuclear. Igualmente me pregunto si en Colombia, en medio de nuestra absurda guerra, tenemos “nuestros propios atomizados”; los secuestrados, desaparecidos, desplazados y liberados, se convierten en grupos humanos incomprendidos.


Una novela para conocer el drama de la sinrazón, de la codicia, del que puede traficar con el dolor, en medio de una catástrofe, que debería exaltarnos hacia la expresión de nuestros más sublimes valores y sentido de moral. Igualmente nos hace reflexionar sobre lo que vive cada persona que es víctima de una catástrofe, natural o causada por el hombre.